Cabida

Como una crítica a la forma en que las personas viven en las ciudades, se plantea un volumen prismático, de planta cuadrada y utilizando medidas mínimas consideradas por Neufert. La torre, vista en su totalidad, se manifiesta torcida, como un indicio de la mente de sus creadores.

La pieza arquitectónica, artificial por esencia, se emplaza en un entorno “natural” (en la medida de lo posible). El encuentro entre el artificio humano y la organicidad del planeta. Lo mejor de dos mundos: La ciudad jardín y su promesa. El cuento esperanzador de los tres imanes.

En el interior de este espacio, existe un ser desnudo. Un ser que desea mostrarse. Un ser que quiere vivir, interactuar con su entorno. Tocarlo, sentirlo, ser tocado, ser amado, ser. Un ente que se da cuenta que vive en un ciclo sin fin, atormentado por el tiempo, repitiendo las pocas posiciones que se le permite. Un ser que se da cuenta que no es un mueble, pero que tiene que vivir como tal. Que se tiene que adaptar, aunque no quiera, que se tiene que resignar a habitar el espacio que puede tener. Un ser que se transforma en un individuo, que lo único que desea, es volver al origen, pero tras varios intentos de romper los barrotes de su “hogar”, vuelve a su posición inicial, a la sumisión. Un Sísifo contemporáneo, o el individuo del que nos habló Nicanor Parra.

Acceso al video: https://youtu.be/A1zcB8A68tw

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